La madrugada del pasado lunes quedará registrada como uno de los momentos más inquietantes en la historia reciente de la inteligencia artificial. Sin previo aviso, OpenAI activó lo que internamente ya se conoce como el “Apagón de la IA”: la desactivación masiva de sus modelos anteriores y la migración forzosa hacia una nueva generación de sistemas.
Millones de usuarios, desarrolladores y empresas despertaron con una sorpresa inquietante: herramientas, flujos de trabajo y aplicaciones dejaron de funcionar de la noche a la mañana. El pasado digital había sido borrado.
Según fuentes cercanas a la compañía, la decisión llevaba meses gestándose. OpenAI habría determinado que mantener versiones antiguas suponía un riesgo creciente en términos de seguridad, eficiencia y control.
Modelos históricos como GPT-4, GPT-3.5 y versiones intermedias fueron retirados de forma definitiva, sin posibilidad de recuperación. En su lugar, la empresa impuso una arquitectura unificada, más cerrada y centralizada.
El impacto fue inmediato. Startups, universidades, laboratorios y desarrolladores independientes vieron cómo sus sistemas quedaban obsoletos en cuestión de horas.
APIs rotas, bots inoperativos, asistentes desconectados y plataformas paralizadas marcaron una jornada de auténtico caos digital.
En redes sociales, el término #AIShutdown se convirtió en tendencia mundial en menos de seis horas.
Desde OpenAI justifican la operación como un paso necesario para garantizar la evolución segura de la tecnología. El nuevo sistema promete mayor capacidad de razonamiento, mejor alineación ética y menor consumo energético.
Sin embargo, también introduce restricciones más estrictas: mayor supervisión, menos personalización y un acceso más limitado a funciones avanzadas.
Para muchos expertos, el mensaje es claro: la era de la IA “abierta” ha terminado.
Las críticas no han tardado en llegar. Analistas del sector advierten de un preocupante precedente: una sola empresa con capacidad para “apagar” versiones enteras de la inteligencia colectiva global.
Algunos lo consideran una medida responsable. Otros, una demostración de poder sin precedentes.
“Cuando una empresa puede reescribir el pasado digital, también puede condicionar el futuro”, señalaba un investigador europeo en declaraciones recientes.
Más allá de la polémica, el “Apagón de la IA” marca el cierre definitivo de una etapa. Los modelos que impulsaron la revolución generativa han pasado a la historia.
Lo que comienza ahora es una nueva fase: más sofisticada, más regulada y, sin duda, más vigilada.
En el nuevo mundo de la inteligencia artificial, ya no basta con innovar. Ahora, también hay que sobrevivir a los apagones.